Quienes vivimos en grandes ciudades nos vemos envueltos en un ritmo de vida acelerado, en el que el estrés se transforma en nuestro fiel compañero a la hora de realizar nuestras actividades. Un estudio encontró, que la mayoría de estas personas respira habitualmente de forma superficial, como si estuviera siempre en estado de alerta, lo que trae como consecuencia que se consuma poco oxigeno, lo cual produce alteraciones en el funcionamiento de distintos órganos, principalmente del cerebro; y esa falta de oxígeno se puede manifestar como fatiga, sueño, apatía y malhumor. Con lo anterior en nuestra vida no podremos disfrutar plenamente de nuestra vida.

No obstante, se ha comprobado que aprender a respirar correctamente nos puede mejorar y prolongar la vida, así como hacer sentirnos más fuertes físicamente y mejor emocionalmente. Una respiración consciente relaja de forma inmediata, produce calma y equilibrio, brinda oxígeno al cuerpo, mejora el rendimiento y la salud tanto física como mental. Como si fuera poco lo anterior, la respiración consciente nos protege del estrés y de la ansiedad; aclara la mente y esta se torna más atenta y despierta; ayuda a recuperar la armonía con la vida y el sentimiento de amor y plenitud; aumenta la creatividad y la capacidad de intuición; incrementa la capacidad para resolver problemas y mejora las relaciones interpersonales y con uno mismo (Calle, 2000).

Lo que se busca es que se introduzca, como mínimo, tres respiros profundos en el día, pues estos que pueden llegar a transformarlo. Nos gusta recordarnos constantemente la siguiente frase: “Si yo tuviera que reducir mis recomendaciones para un vivir sano a solo un tip seria simplemente aprender a respirar correctamente”.

Si practicamos diariamente respiraciones más conscientes, uniformes y profundas, podremos relajar los nervios y empezar a vivir desde una posición más calmada y tranquila. La respiración consciente coopera en el control de todas las emociones y ayuda a enfriar las emociones negativas y a prevenir las reacciones emocionales nocivas (Calle, 2000).

Así que señores… ¡RESPIREN! Pueden hacerlo donde sea y cuando sea. Inclusive cuando se encuentran escuchando una conferencia o leyendo este artículo.