Por: Muki Palacios muki@mukipalacios.com

 

Quiero compartir uno de los libros que me enseñó a ver de manera distinta y poder diferenciar  el “querer hacer bien las cosas” y “querer hacer las cosas perfectas”, que espero a ustedes también les pueda ayudar a encontrar de alguna manera la FELICIDAD y un EQUILIBRIO en sus vidas. El libro titulado “La búsqueda de la felicidad” de Tal – Ben Shahar, profesor de Psicología Positiva en Harvard, en primer lugar nos muestra que todos los grupos tan diversos de personas que asistían a sus conferencias compartían algo más que un interés por vivir una vida más feliz; todos ellos coincidían en uno de los OBSTÁCULOS MÁS DIFÍCILES de superar para ser feliz: era el deseo de vivir no sólo una vida dichosa, sino una vida PERFECTA.

 

Una creencia muy seria y bastante común es: que una vida feliz se compone de un interminable flujo de emociones positivas y que una persona que experimenta envidia o rabia, decepción o tristeza, miedo o ansiedad no puede ser realmente feliz; aunque, en realidad, los únicos que no experimentan estos sentimientos negativos son los psicópatas y los muertos. Incluso muchas veces no podemos aceptar el fracaso, a lo que lleva a la Psicología Positiva a preguntarse ¿Cuál es la mejor vida que podemos vivir?, para lo que Tal nos da a elegir 2 perspectivas: el ser PERFECCIONISTA o ser OPTIMALISTA.

 

PERFECCIONISTA OPTIMISTA
Perfeccionismo negativo Perfeccionismo positivo
Camino en línea recta Camino como espiral irregular
Miedo al fracaso El fracaso como un contratiempo
Concentración en el destino Se concentra en el recorrido y el destino
Mentalidad del todo o nada Mentalidad compleja, matizada
Actitud defensiva Abiero a sugerencias
Busca defectos Busca beneficios
Dureza Indulgente
Rígido, estático Adaptable, dínamico

El perfeccionista nunca está satisfecho, siempre se marca objetivos y expectativas absolutamente imposibles de alcanzar, rechazando desde un principio la posibilidad de éxito. Pero eso no es todo lo que arraiga el perfeccionista, también trae consecuencias como por ejemplo, el autoestima baja (el perfeccionista siempre trata de sobrevalorarse a sí mismo y dar una imagen impecable), los desórdenes alimentarios (la mentalidad del todo o nada del perfeccionista magnifica cualquier imperfección, cualquier desviación de su imagen idealizada), depresión (el perfeccionista encuentra defectos en todas partes, las circunstancias reales de su vida importan muy poco, porque hará todo lo posible por encontrar algún inconveniente), desórdenes de ansiedad (el perfeccionista ve los cambios como una amenaza lo que lo vuelve ansioso debido a su mentalidad rígida e inflexible) y finalmente el rendimiento bajo (el perfeccionista siempre tendrá tendencia a que su rendimiento disminuya debido a que en todos los aspectos de su vida busca perfección). Mientras tanto, el optimalista también se marca objetivos ambiciosos, aunque, a diferencia del perfeccionista, no está encadenado a estos compromisos, es decir disfruta el viaje, el proceso y todo lo que puede aprender de él.

 

No se traza su dirección de acuerdo a un mapa rígido, sino utilizando un compás más flexible. Y como es obvio, su actitud frente al logro de sus objetivos no le traerá consecuencias tan negativas como al perfeccionista. Aspecto que siempre enfatizamos en todos los programas de bienestar y felicidad que trabajamos. Una vez explicado la diferencia entre el optimalista y perfeccionista, deduzco que muchos de ustedes se preguntan ¿Cómo puedo trabajar respecto a mí mismo para evitar ser perfeccionista? Les diré un secreto, rompan el mito que suprimir las emociones los hará más FELICES, dense el permiso de experimentar todo tipo de emociones. La vida emocional que espera un perfeccionista es de una euforia constante pero la de un optimalista es un abanico de emociones humanas, recuerden que para superar la ansiedad y la depresión, puede resultar mucho más efectivo aceptar y expresar los pensamientos no deseados. Negarnos el permiso a reconocer y experimentar emociones “indeseables” supone un perjuicio para nuestro bienestar y un obstáculo para convertirnos en optimalistas. Segundo, el perfeccionista muchas veces cree que tiene que optar entre ser un mediocre perdedor (y quizá feliz) y un perfeccionista exitoso (aunque infeliz).

 

Si bien existen perfeccionistas muy exitosos, yo me pregunto cual seré el precio que tienen que pagar, un optimalista tiene más probabilidades de ser feliz. Por ello recuerden siempre APRENDER DEL FRACASO, no olvidemos que no es casualidad que las personas con más éxito a lo largo de la historia hayan sido las que más han fracasado, por eso también apreciemos el éxito, si no somos capaces de apreciar lo bueno (incluyendo el camino antes de llegar a la cima), lo bueno se deprecia y disminuye. Finalmente, aceptar LA REALIDAD, ponernos metas altas y alcanzables, nos dará mayores posibilidades de lograrlas saboreando el camino y apreciando y reconociendo cada pequeño logro que obtengamos durante nuestro viaje, aprovechemos el tiempo y PASEMOS A LA ACCIÓN!!!! Para concluir los reto a preguntarnos:

 

¿Quiero ser un perfeccionista infeliz o un optimalista feliz?