¿Hacemos lo mejor que podemos? Aún así siempre podemos reparar :)


 

 

Por: Muki Palacios

 

Hace unos días leí un artículo de la reconocida terapeuta Victoria Prooday sobre la triste situación que está pasando con los niños de hoy en día, con cifras de depresión y problemas de salud mental nunca antes vistas. 

No me sorprendieron las cifras que citaba dicho artículo:

 

  • 1 de cada 5 niños padece problemas de salud mental
  • TDAH aumentó en un 43%
  • Depresión adolescente se incrementó en un 37%
  • Suicidio en niños entre 10 y 14 años aumentó en 100%

En esta oportunidad escribo sobre el impacto en la salud mental y bienestar a largo plazo del ambiente de crianza de nuestros hijos y el rol protagónico que tenemos no solo en su bienestar material sino emocional; y de la responsabilidad que tenemos de poner energía en la construcción de un ambiente de bienestar y armonía para su desarrollo. 

 

La ciencia ha revelado que la estructura mental de los niños se puede modificar con el ambiente, término conocido como neuro plasticidad. Esta plantea que hasta los 25 años el cerebro está en formación y hoy, nuestra crianza frente a la cantidad de información que manejan los chicos, tecnología y tendencias socioculturales modifica su conducta de forma nunca antes vista. 

 

Identifico que, como dice mi maestro maestro Alex Rovira, hoy más que nunca es necesaria una pedagogía del amor. Amar es cuidar, es buscar el bien. No puede haber amor sin alegría. Amar es inspirar para que el ser querido pueda desarrollarse desde su máxima posibilidad y potencialidad. 

Sin embargo, creo también que el ambiente y entorno que construyamos como padres puede tener un alto impacto positivo en ellos y es sobre esto que quiero hablar.

 

Es por ello que como padres debemos enfocarnos en proveer una crianza que priorice la salud mental, estabilidad y felicidad de nuestros hijos a largo plazo. Tenemos que darles herramientas para que puedan valerse por sí mismos, ser “responsables”, usar sus recursos ante situaciones difíciles y transmitirles la confianza de pedir ayuda cuando lo necesiten.

 

Pero la pregunta es: ¿Podré cambiar la actitud que he venido teniendo con mis hijos? ¿Por dónde empiezo?

 

Les doy una buena noticia: ¡aún estamos a tiempo de corregir y modificar muchas de nuestras actitudes para poder fortalecerlos! Muchas son conductas fundamentales, que tenemos que despertar e implementar para ver los cambios positivos que esperamos en nuestros hijos: ¡sí que funcionan! Como muchas veces digo: siempre podemos reparar.

 

Empecemos por crear espacios de diálogo en el que haya la libertad de  compartir  -tanto hijos como padres-  lo bueno y malo del día, nuestras alegrías, miedos y desafíos. Espacios de diálogo sincero, sin juzgar, en el que hablemos de emociones, ideas y temas que importen. ¡La mejor forma de implementar este hábito es empezando nosotros a contarles nuestro día! 

 

Yo siempre en mis conferencias les pregunto cuan presente esta la alegría y sentido del humor en el día a día. Cuan presente tengo el sacarles una sonrisa cuando llegue a casa.

 

Asimismo, debemos procurar compartir una comida al día sin tecnología. La mesa es un espacio para compartir, une a la familia y por ello es el momento perfecto para estar juntos y conversar sobre el día. En mi casa tenemos la regla de jamás llevar el celular a la mesa, así no estemos juntos, pues la comida no se atenúa con la tecnología y se disfruta plenamente. Igual en el auto… Nada de audífonos, ¡a conversar!

 

Debemos ser padres emocionalmente disponibles para nuestros hijos.¿Cómo? Dejando los sermones de lado y dedicándonos a escuchar y observarlos más. Deben saber que estamos ahí emocionalmente para acoger sus alegrías, penas, dudas e inquietudes. Paremos esos discursos imparables y abramos mas nuestros oídos y ojos.

 

Eduquemos desde el amor, pues desde el miedo, la rabia y enfado genero hijos tiranos. Amar es cuidar, amar es servir, amar es aceptar y reconocer su individualidad.

 

Además, tenemos que fortalecerlos en el uso responsable de su libertad. Nos corresponde enseñarles a pensar y a razonar, a saber elegir y asumir las consecuencias de sus acciones. Debemos además enseñarles que no son esclavos sino dueños de sus emociones, y ellos eligen como actuar. Estamos formando hijos para el mañana. 

 

No resolverles la vida. Muchos padres cometemos el error de querer atar y desatar todo para nuestros hijos: "Hijo, ya llamé a averiguar sobre tus clases de box" o "ya contraté al profe de mate sin que me lo hayas pedido". Queremos que nuestros hijos confíen en si mismos y sus recursos, y que mejor manera de hacerlo que demostrarles que nosotros confiamos en ellos y en su capacidad para llamar, pedir, coordinar y salir de su zona de confort. 

 

Aceptar su individualidad. Una sólida autoestima es esencial para vivir y sentirse bien. Es quererte como eres. Para que tu hijo tenga una buena autoestima y se acepte no tiene que cambiar su forma de ser, se trata únicamente de aceptar como es. Y por ello recordemos valorarlo en si mismo, no por lo que hace. La voluntad de reconocer su singularidad. 

 

Establecer límites y aprender a decir que no. Los límites razonables que les ponemos tienen un mensaje inconsciente en ellos. Por más que renieguen los hace sentir amados, valorados y que importan. No debemos temer decirles "NO" si lo que ellos quieren no es lo que necesitan. Al educar no cedamos para evitar males mayores, pensemos a largo plazo. 

 

Privilegiar los afectos antes que las cosas. ¿A qué hijo no le emociona recibir un regalo? Son importantes; sin embargo, a veces nos excedemos con estos y los usamos como excusa para aliviar cierta “culpa inconsciente” de no estar ahí siempre. Empecemos a demostrar cariño reconociendo a nuestros hijos con abrazos, palabras y momentos juntos. Insisto, dar regalos es genial, pero tengamos presente que lo que más nos acordamos son los momentos de complicidad. ¿Qué recuerdas tú cuando eras niño? Yo recuerdo los apagones, en los que todos nos reuníamos en el cuarto de mi mamá a conversar. 

 

Finalmente, me gustaría preguntarte: ¿Quién se lleva lo mejor de ti? ¿Hay consistencia entre lo “más importante” y tus acciones diarias? Muchos diremos que el día nos demanda dividirnos en mil, y es válido, pero el tema está en reflexionar con qué actitud llego a casa después del trabajo. Debemos proponernos qué hacer cada día para hacer sonreír a los que amo. Hay veces en las que el trabajo nos demanda más tiempo del que quisiéramos, y es válido, pero el foco está en hacer que el poco tiempo que estoy en casa cuente: y aún es posibleDe esta manera formaremos ciudadanos felices, con valores sólidos y mentalmente saludables que hagan frente a esta alarmante situación actual.  

 

Yo, como proveedor único y sostenedor emocional de mi familia, puedo dar fe de eso. 

 

Escrito por: Muki Palacios

 

 

 


Categoria: 2019


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Muki Palacios

Empresaria, psicóloga de profesión, master en Programación Neurolinguística, conferencista nacional e internacional y fundadora de Psicología Positiva Perú, primer centro especializado en Psicología Positiva del país y pionera en su difusión e intervención a través de programas basados en el Modelo patentado de “Bienestar Integral”. Autora del libro “Olé a la Vida”.

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